El título de este artículo, que es el eslogan de un anuncio televisivo, me parece muy sugerente por lo que induce a pensar. Yo lo entiendo como una invitación a convertir tus obligaciones en deseos, es decir, en ver tus obligaciones diarias, tu quehacer diario como algo que te apetece hacer, como algo que haces por gusto, por el placer de hacerlo.
Hay mucha gente que se agobia por las dificultades de su vida, de su trabajo, de sus obligaciones. Creo que a veces no es tanto por el qué ha de hacer, sino por el cómo ha de hacerlo.
Algunas personas buscan la perfección en todo lo que hacen. En parte esto tiene su sentido; es preferible hacer las cosas bien por razones obvias y prácticas (como poder pedir un aumento de sueldo, lograr reconocimiento, etc) pero pretender que todo salga perfecto se revela como algo prácticamente imposible. Es así por la propia naturaleza del ser humano, que es falible.
Y aun suponiendo que se pudiera hacer todo perfectamente bien, habría que gastar muchas energías y mucho tiempo que estarían mucho mejor empleados en otras tareas (incluyendo el ocio). Además tanta ansiedad por lograr la perfección puede llevar a somatizar el estrés (aparecen úlceras, migrañas, etc).
Es mejor que consideremos como una preferencia el intentar hacer bien las cosas. Que no lo consideremos como una necesidad imperiosa, pues no todo el mundo está igualmente preparado para todo por igual. No todo el mundo ha tenido las mismas oportunidades de aprender ciertas cosas, ni tiene el mismo apoyo en su familia, ni los mismos recursos... etc. Como decía en otro artículo, siempre hay una razón.
Lo importante es la actitud que se tenga en relación a la tarea de emprender algo. Es decir, si estoy satisfecha con la manera (el cómo) de hacer mi trabajo, sabiendo que tengo mis limitaciones (las conozca o no).
Cuando nos preocupamos más de cómo hacemos las cosas y no tanto de lo que hacemos o no, ocurre que nos gusta cuidar el proceso de lo que estamos haciendo (no sólo el resultado). Tenemos un objetivo propio, que es nuestra propia satisfacción. No es un objetivo ajeno, como el sueldo que recibiremos o el aplauso que nos darán.
Por eso, independientemente de la remuneración que recibas, tengas o no trabajo, tengas un contrato de corta duración o indefinido, lo importante es hacer. Y luego hacer buscando la propia satisfacción. Pregúntate de vez en cuando y sinceramente cuál es el objetivo por el que luchas. Para llegar a hacer las cosas bien no hay otra receta que practicar, practicar y practicar.

Aurelia, estás en lo cierto. La actitud la elegimos nosotros, sea cual fuere la tarea desempeñar.
Hay u libro que lo explica bastante bien: Fish (autores: Stephen C. Lundin, Harry Paul, John Christensen ).
Es algo que me parece obvio y, como tal, es invisible a muchas personas.
Un abrazo!.
Creo que mi problema es más bien de no conseguir acabar las cosas (que gracia núnca pensé que diría esto). No me importa no parar en todo el día pero odio cuando llega la noche y me falta mucho por hacer. No sé que es peor... Un besazo.
Acabo de descubrir tu blog, buscando información sobre consejos para el día de la defensa pública de tesis doctoral (que tengo dentro de una semana) y me ha encantado tu página. Enhorabuena.
Pues suerte con ella Carlos! Se pasan nervios pero luego lo recuerdas con cariño. Ya verás.
Saludos
Ah, y gracias, me alegro de que te guste la página.
¡Te felicito por el post¡ estoy totalmente de acuerdo contigo. Sufririamos muchisimo menos cambiando el sentido tragico que tenemos de la vida
Cordiales saludos: Mi nombre es Carlos González. He sido profesor de matemáticas y física en la enseñanza secundaria durante 24 cursos. Finalmente, al verme limitado en mi deseo de practicar una enseñanza basada en los nuevos paradigmas, decidí dejar el camino de la enseñanza oficial e iniciar uno nuevo, alternativo al sistema imperante.
Durante años, he podido comprobar como mis alumnos adolescentes enterraban sus sueños hasta hacerlos invisibles. Su entorno les enseñaba que la “seguridad” era lo primero: estábamos creando víctimas. La rabia que sentía ante tal panorama la he trasmutado en creatividad, escribiendo un libro que narra cómo empoderar a los adolescentes:
“Un maestro decide crear un ambiente mágico en su clase para empoderar a sus alumnos. Les ayuda a descubrir los enormes potenciales que habitan en su interior. Les revela un mundo más allá de la mente programada y de las creencias. Para llevar a cabo su proyecto el profesor emplea curiosos trucos...
Poco a poco, cada alumno se convierte en su propio maestro, en una fuente de conocimiento para él y sus compañeros. La vida se torna mágica: pueden vivirla desde su corazón “
El título del libro es: “Veintitrés maestros, de corazón-un salto cuántico en la enseñanza-” Se plantea un modelo de educación que se basa en descubrir la fuerza interior.
Hoy puede ser ciencia ficción...tal vez una semilla, pero si la nutrimos puede generar una forma totalmente nueva de enseñar, en la que el ser humano deja de sentirse víctima, para sentirse el creador de su propia vida.
Creo que su trabajo va en la misma línea que el mío. Por eso, me atrevo a enviale mi libro en versión digital*. He decidido regalarlo persona a persona o institución a institución. Necesita volar...hacia lugares en los que pueda ser bien acogido. Si lo lee le agradecería cualquier comentario. Todos los amantes de la lectura sabemos que bastan cinco minutos con un libro para saber si es de nuestro interés, sólo le pido ese tiempo. Siéntase libre de enviarlo a las personas o asociaciones a las que este libro pueda ayudar. Gracias por su presencia. Le deseo felices creaciones…
Carlos González
P.D Mi blog es: www.ladanzadelavida12.blogspot.com
* El libro se puede descargar desde mi blog