La idea de fracaso es algo que normalmente tenemos muy presente a lo largo de nuestras actividades diarias. El diccionario de la RAE define fracaso como el "resultado adverso de una empresa o negocio."

Nos aterra fracasar en lo que llevamos a cabo. Trabajos, proyectos, ideas etc deberían salirnos bien. A veces, claro, el miedo viene sólo por los reproches que pudieran hacernos los demás.

Pensamos demasiado en los resultados de nuestros planes. Incluso en la misma definición de fracaso aparece la palabra "resultado". Pero no nos paramos muy a menudo a pensar en el proceso, cuando esos planes se están desarrollando. Una vecina mía, urbanita de toda la vida, se fue a vivir al campo con su novio. En su casa le decían que no duraría nada, que no podría aguantar la soledad allá y volvería pronto a la ciudad. Sin embargo, ella se fue. Es cierto que volvió, pero a los diez años, y no porque se hubiera cansado del campo, sino porque la relación con su novio se acabó.

Yo hubiera dicho que había fracasado, pero comentándolo, alguien me dijo que podía verlo de otra manera. En realidad, vivió diez años como ella decidió en su momento. Al menos intentó lo que quería. ¿Dónde podía decir yo que estaba el fracaso? Si no lo hubiera intentado no hubiera sabido qué habría pasado, ni habría disfrutado de ese tiempo.

Puede ser que sea así, porque ponerle la etiqueta única de fracaso a diez años de vida sí que parece que es un poco reduccionista. Lo mismo es hacerlo con proyectos que duran toda una vida. Es cierto que durante ese tiempo suceden muchas cosas, momentos agradables, momentos tristres, penas y alegrías.

Esto me recuerda ahora un poco a cuando en el colegio te decían que las acciones se valoraban por los resultados. Vaya con lo que nos enseñaban....