¿Sabemos si lo que decidimos proviene realmente de nosotr@s mism@s? No es una pregunta sin sentido, a nada que nos paramos a pensar.

La publicidad, por ejemplo, nos hace familiares con ciertas marcas. Por eso, las marcas que se anuncian, sean del tipo que sean, alimentación, limpieza, vestido, automoción, etc, suelen ser más fáciles de retener. En cambio las que no se anuncian no nos suenan tanto.

Las opiniones que aparecen en los diarios, igualmente, también se nos hacen más familiares que las que no aparecen. (Alguien podría pensar que hay suficientes periódicos que cubren todas las tendencias ideológicas posibles. No lo veo así. Basta pensar dónde nos situamos, en un país dentro del primer mundo y en un contexto histórico determinado).

Fromm decía que los miembros de un grupo, además, también tienden a uniformarse en cuanto a opiniones, forma de vestir, vida que llevan, simplemente por la razón de no sentirse de alguna forma aislados.

Ellis hablaba de ideas irracionales. Éstas no eran consideradas como tales por la población. La razón de que no se consideren irracionales puede parecer divertida: la gran mayoría de la gente las ve y las comparte como lógicas.

Ahora parece que el miedo, anónimo censor, lleva a suspender una obra de Mozart en Alemania. Consigue así que la teórica libertad de expresión, si es que aún existe en grado suficiente, mengüe todavía más.