Los partidos de la vida
Se dice que el fútbol es un reflejo, a escala, de muchos de los aspectos básicos de la vida, emoción, penas, alegrías, sufrimiento, etc. En estos días, inmersos en pleno mundial, se observa mejor que nunca.
Miles de aficionados y aficionadas se hunden cuando las cosas no salen como cada uno/a quiere, encajar un gol... y se acabó todo... Igual que en el día a día, un contratiempo, algo inesperado genera inevitablemente una frustración.
Sin embargo, la buena noticia es que parece ser que esa frustración podría ser evitada en cierto grado. Pongamos el caso en el que se culpa al arbitraje de la derrota del equipo por el que apuesta cada cual. ¿Tendríamos la misma reacción si...?
a) Se comete una falta clara y el árbitro, sin razón aparente, no la pita.
b) Se comete una falta y el árbitro justo en ese momento se desmaya por el calor y no la pita.
El resultado en los dos casos es el mismo. Se comete una falta y no se pita. Sin embargo, ¿por qué en el segundo caso el enfado no es igual que en el primero? Esto ocurre porque en el primer caso, a diferencia del segundo, se mantiene, seguramente de forma inconsciente, una actitud subjetiva y moralista por la que se exige al árbitro que no cometa ni un sólo error.
Entonces, ¿cabrearse con el arbitraje es, en general, una actitud razonable? En un primer momento parece inevitable, pero ¿tiene sentido seguir enfadándose durante más tiempo? Pues es obvio que el árbitro es humano y es también sabido que los seres humanos, por su naturaleza biosocial, son falibles.
Así que de ellos, en un momento u otro, no se pueden esperar más que errores. No es ley de Murphy, es la simple realidad. Por lo tanto, no parece que mantener el enfado sea realmente una actitud muy razonable, a menos, claro, que alguien quiera acabar con su hígado.
Y si eso vale para el fútbol, también debería valer para la vida.


Jesús dijo
Mi propuesta es la siguiente: no buscar culpables cada vez que las cosas no salgan tal y como las esperábamos, ó mejor aún, procurar no dejar excesivas esperanzas en que las cosas salgan de una determinada manera y abrirnos a la posibilidad de que puedan salir de manera diferente, e incluso tratar de sacar partido de ello (esto último es para nota, aunque creo que es posible).
Seguramente nos ahorremos más de un disgusto ó, como mínimo, que el malestar sea menor (digamos que el justo por esa desavenencia, que tampoco creo que sea fácilmente evitable).
Para mí, buscar culpables en esas situaciones es eludir una responsabilidad que considero exclusivamente nuestra: cómo nos sentimos cuando las cosas salen de diferente manera a la esperada.
¿Sabes? Creo que a muchos aficionados les importaría un pimiento que un árbitro no hubiese pitado alguna falta, si al final del partido hubiese ganado su equipo favorito. Incluso en el caso de que el árbitro hubiese hecho la vista gorda con todo descaro. Qué curioso, ¿verdad?
Por supuesto, que la misma idea es aplicable en la vida.
Me gusta el nuevo aspecto de tu blog. Me resulta agradable esta combinación de colores.
30 Junio 2006 | 11:28 AM