Este es el titulo del maravilloso libro con el que el filósofo y premio Nobel, Bertrand Russell (1872- 1970) debate acerca de las causas de la felicidad y la infelicidad. Con este resumen me hago eco del mismo y sirve, además, de pequeño homenaje.

Russell afirma que independientemente de las circunstancias externas, que apenas podemos controlar, los seres humanos pueden hacer mucho en la lucha por su propia felicidad. Así, capítulo a capítulo desgrana las razones que impiden a las personas ser felices.

Entre las causas de la infelicidad, está el excesivo miedo al fracaso. En esta sociedad más que en ninguna otra, lograr el éxito a través de la realización de cualquier actividad tiene grandes ventajas, sin embargo realizar esa actividad, no por puro placer, sino únicamente para que dé los frutos esperados, significa sucumbir a una meta vacía.

Esa meta es en realidad vacía porque el placer logrado no es interno sino que proviene del aplauso que a través del éxito ofrecen las demás personas. De ahí surgen, por tanto, otras causas de la infelicidad como la envidia. El éxito de los demás niega el propio éxito, por lo que no ofrece nada después de los esfuerzos (muy interesados) que se han realizado y que no serán compensados.

El aburrimiento es otra fuente de infelicidad y quien no sabe cultivar algunos intereses en su tiempo de ocio, puede alcanzar un nivel de hastío tal que, en casos extremos puede llevar al suicidio, mas figurado que literal, o, de manera más común, a la generaración de adicciones, como la adicción al trabajo, ya que en estos casos no se ha aprendido a hacer otra cosa en la vida.

El hecho de mantener una tendencia hacia un tipo de pensamiento victimista, es igualmente otra causa de infelicidad. En este caso se considera, a través de un falso filtro mental, que uno/a es desgraciado/a debido a las circunstancias que le ha tocado vivir. O también debido a la gente con la que ha tenido la "mala suerte" de coincidir en la vida, ya que parece que únicamente quieren hacerle daño o fastidiarle en mayor o menor grado.

Ante esto Russell afirma que lo mejor que se puede hacer es desmontar lógicamente los argumentos que llevan a pensar así. El esta convencido de que aunque sólo sea por la simple ley de la probabilidad, a todos los individuos de una misma cultura y época, les tocará vivir experiencias parecidas tanto en lo bueno y en lo malo. Igualmente se toparán con gente de semejantes características. Por el contrario, sería muy poco probable que a alguien le sucedieran casi siempre cosas horribles o que, casualmente, la mayoría de la gente con la que se encontrara actuara con malicia.

Russell conviene en que serán felices aquellos individuos que consigan entusiasmarse con las cosas que ofrece la vida y disfrutar, no de manera egoísta, sino con verdadero interés, de la compañía de las personas que se les cruzan en el camino. Para poder considerar a las personas con verdadero afecto y cariño, es imprescindible eliminar antes la envidia y el victimismo; para deleitarse con las cosas de la vida, es necesario no esperar que las distracciones contra el aburrimiento vengan hechas, sino que opina que a través de la experimentación se deben descubrir en la vida los intereses y aficiones que mayor satisfacción puedan proporcionar a cada cual.