A veces pensamos que ojalá no tuviéramos que hacer las cosas que tenemos que hacer, en irnos a otro sitio, estar en la playa sin hacer nada, en no tener que trabajar nunca más.... A veces soñamos despiertos. Luego a veces también ocurre que nos sentimos culpables de no haber aprovechado el tiempo.

No es que haya que calificar de vaga a la gente cuando evita las cosas a hacer. En realidad lo que pasa que cree que los beneficios de no hacer sus tareas o enfrentarse a las dificultades que conlleva, son mayores que los costes de hacerlas. Parece más fácil “dejar para mañana” que ponerse con una tarea pesada. Sin embargo, no se están considerando dos costes importantes. Estos son:

- Antes de decidir no hacer algo, nos torturamos literalmente durante horas con un montón de buenas excusas y razonamientos para convencernos de que es mejor no hacer eso de momento (o no hacerlo nunca). La verdad es que haber hecho lo que debíamos nos hubiera costado menos dolores de cabeza.

- No parece que la gente sea más feliz cuando hace poca cosa o nada. Según han demostrado algunas psicólogas como Magda Arnold, a la gente le va mejor cuando tiene un proyecto en la vida a largo plazo y se dedica a él de manera constante y relativamente tranquila. La vida fácil y sin responsabilidades, entonces, solo puede ser buena de manera temporal (como las vacaciones), si no, llega a ser algo fastidioso.