Opciones vitales
Últimamente veo con preocupación, entre algunas de mis amigas y amigos, el giro que están tomando sus vidas profesionales. Estas personas, todas ellas en los veintimuchos, están realizando una especie de “involución profesional”, a mi modo de ver, que me asusta. Personas con carreras universitarias, que progresaban en su carrera profesional trabajando y viviendo independientemente, de repente parecen volver al redil para cumplir, como digo yo, con las “etapas tradicionales de la vida”; otra vez a su ciudad de siempre, se casan, buscan un trabajo cualquiera y esperan sus primeras criaturillas.
Para algunas de esas personas fueron realmente días de altos vuelos, parecía que se comían el mundo o estaban a punto de comérselo. Para otras, el vuelo no duró tanto ni fue tan elevado. Pero al final del todo ¿para qué? ¿Para acabar haciendo un trabajo rutinario y monótono en una oficina cualquiera? Yo de momento estoy de vuelo...
Es cierto que el mercado de trabajo en España hoy en día está muy complicado y la gente prefiere aferrarse a lo que salga que intentar algo que puede ser potencialmente mejor, pero a la vez más arriesgado, con menores posibilidades. Pero aunque haya pocas posibilidades de conseguir algo mejor ¿por qué abandonar tan pronto esa búsqueda? Si los veintitantos marcan el principio de la vida profesional de una persona, ¿por qué optar tan pronto por la seguridad que ofrece un trabajo relativamente fácil de conseguir?
En un principio, esa seguridad parece cómoda y agradable, sin embargo, es en realidad una trampa del pensamiento. Cuantas veces se oye eso de “ojalá fuera funcionari@”. Y así tener una seguridad monetaria y ocuparse de otros asuntos. Es verdad que cuando consigues un trabajo fijo o indefinido respiras más tranquil@, pero con el paso de los años, ¿cuánto tarda esa tranquilidad en tornarse aburrimiento vital?
A lo mejor es que en vez de pensar en todas las opciones posibles, se tomó la solución límite: el dinero seguro e inmediato. Había otras intermedias, factibles, también, quizás más satisfactorias a largo plazo, pero para las que no había la seguridad absoluta de alcanzarlas. Quizás era más fácil coger un trabajo normalito pero seguro, que esperar la “catástrofe” que se produciría si no se consigue algo inmediatamente. Pero yo misma siento un poco esa incertidumbre, también….
La pregunta que me hago es: ¿Cómo es de horrible esa catástrofe que imagino? Que pasará realmente si busco aspirar a algo que me llene y no a vivir el resto de mi vida rodeada de montones de papelotes a ordenar y clasificar? Y entonces pienso, que mientras intento lograr algo mejor, puede ocurrir que haya periodos inestables económicamente, tales como estar en el paro una temporada, o tener que coger cualquier cosa para subsistir mientras sigo persiguiendo lo que quiero. ¿Conseguiré vivir dentro de unos límites razonables económicamente mientras aspiro a algo mejor? El tiempo dirá.


diego dijo
Me veo en situación parecida. Por unas cosas y otras llevo ya un año sin un trabajo remunerado, pero pasado el verano me toca reintegrarme al mundo laboral. Reintegrarme es un decir, porque poca gana de volver a lo mismo con lo que me he ganado la vida hasta ahora. Me prometo a mí mismo cada día que me daré tiempo, que intentaré encontrar algo que me guste y que no convierta mi existencia en un vivir para trabajar. También yo tengo ganas de comprobar hasta dónde llega esa supuesta "catástrofe" de la que todo el mundo habla, explícita o implícitamente. Deseémonos suerte y sobre todo que el miedo no se ponga demasiado por delante de nosotros ;-)
31 Mayo 2006 | 09:02 PM