La Coctelera

Categoría: Idea irracional 11 Perfeccionismo

Haz una lista de deseos, no de obligaciones

El título de este artículo, que es el eslogan de un anuncio televisivo, me parece muy sugerente por lo que induce a pensar. Yo lo entiendo como una invitación a convertir tus obligaciones en deseos, es decir, en ver tus obligaciones diarias, tu quehacer diario como algo que te apetece hacer, como algo que haces por gusto, por el placer de hacerlo.

Hay mucha gente que se agobia por las dificultades de su vida, de su trabajo, de sus obligaciones. Creo que a veces no es tanto por el qué ha de hacer, sino por el cómo ha de hacerlo.

Algunas personas buscan la perfección en todo lo que hacen. En parte esto tiene su sentido; es preferible hacer las cosas bien por razones obvias y prácticas (como poder pedir un aumento de sueldo, lograr reconocimiento, etc) pero pretender que todo salga perfecto se revela como algo prácticamente imposible. Es así por la propia naturaleza del ser humano, que es falible.

Y aun suponiendo que se pudiera hacer todo perfectamente bien, habría que gastar muchas energías y mucho tiempo que estarían mucho mejor empleados en otras tareas (incluyendo el ocio). Además tanta ansiedad por lograr la perfección puede llevar a somatizar el estrés (aparecen úlceras, migrañas, etc).

Es mejor que consideremos como una preferencia el intentar hacer bien las cosas. Que no lo consideremos como una necesidad imperiosa, pues no todo el mundo está igualmente preparado para todo por igual. No todo el mundo ha tenido las mismas oportunidades de aprender ciertas cosas, ni tiene el mismo apoyo en su familia, ni los mismos recursos... etc. Como decía en otro artículo, siempre hay una razón.

Lo importante es la actitud que se tenga en relación a la tarea de emprender algo. Es decir, si estoy satisfecha con la manera (el cómo) de hacer mi trabajo, sabiendo que tengo mis limitaciones (las conozca o no).

Cuando nos preocupamos más de cómo hacemos las cosas y no tanto de lo que hacemos o no, ocurre que nos gusta cuidar el proceso de lo que estamos haciendo (no sólo el resultado). Tenemos un objetivo propio, que es nuestra propia satisfacción. No es un objetivo ajeno, como el sueldo que recibiremos o el aplauso que nos darán.

Por eso, independientemente de la remuneración que recibas, tengas o no trabajo, tengas un contrato de corta duración o indefinido, lo importante es hacer. Y luego hacer buscando la propia satisfacción. Pregúntate de vez en cuando y sinceramente cuál es el objetivo por el que luchas. Para llegar a hacer las cosas bien no hay otra receta que practicar, practicar y practicar.

Mas flexibles, menos dogmáticos

El otro día leí una de esas tantas encuestas que se hacen a propósito de la felicidad de los individuos. Ésta, a diferencia de otras, me llamó la atención por las conclusiones que extraía.

Empezaba, como todas, planteando que es necesario un cierto nivel de bienestar material para tener un mínimo de felicidad. Pero a partir de ahí, dado ese nivel material mínimo, proseguía con que en muchos casos, la felicidad va por otros caminos, caminos interiores. En concreto, cómo las personas se toman las cosas.

Mucha gente vive su vida diciéndose "tengo que llegar a ser tal o cual", "fulanita o menganito deberían hacerme más caso", "tengo derecho a que la gente sea más considerada conmigo siempre", etc.

Bueno, pues esos ejemplos mostrarían una manera de ser que no estaría ayudando mucho a conseguir la felicidad, pues subordina lo que los individuos pueden conseguir a cosas que no pueden controlar.

Puede que un@ no llegue a conseguir o ser lo que había pensado en un primer momento. Puede que la gente no sea considerada con un@ porquele resulta indiferente.

En cambio, quien se toma las cosas de una forma más flexible, quien dice "bueno, me gustaría que tal cosa fuera de una determinada manera, pero sé que hay cosas que salen de mi control", o quien dice: "siempre he esperado lealtad en mis amistades, pero entiendo que alguna vez alguien pase por problemas y me haya ofendido sin querer", etc... esas personas sonquienes, según esta encuesta, tendrían más posiblidades de llevar una vida más tranquila y feliz.

Hoy en día no está demasiado bien visto eso de ser cambiante de ideas, de flexibilizar los valores según las circunstancias...se ha premiado siempre la coherencia, los valores eternos, decir "yo siempre he sido así", "yo nunca antepongo mis intereses a los demás", "mis principios son inamovibles", etc

La encuesta concluía, por tanto, con la idea de que lo único que hay que hacer para allanar el camino a la felicidad es eliminar algunas de esas normas rígidas que agotan cuerpo y mente y que a la larga desesperan, porque sonimposibles de realizar en todas y cada una de las circunstancias con que nos encontramos en la vida.

¿Fracasar o sólo intentar?

La idea de fracaso es algo que normalmente tenemos muy presente a lo largo de nuestras actividades diarias. El diccionario de la RAE define fracaso como el "resultado adverso de una empresa o negocio."

Nos aterra fracasar en lo que llevamos a cabo. Trabajos, proyectos, ideas etc deberían salirnos bien. A veces, claro, el miedo viene sólo por los reproches que pudieran hacernos los demás.

Pensamos demasiado en los resultados de nuestros planes. Incluso en la misma definición de fracaso aparece la palabra "resultado". Pero no nos paramos muy a menudo a pensar en el proceso, cuando esos planes se están desarrollando. Una vecina mía, urbanita de toda la vida, se fue a vivir al campo con su novio. En su casa le decían que no duraría nada, que no podría aguantar la soledad allá y volvería pronto a la ciudad. Sin embargo, ella se fue. Es cierto que volvió, pero a los diez años, y no porque se hubiera cansado del campo, sino porque la relación con su novio se acabó.

Yo hubiera dicho que había fracasado, pero comentándolo, alguien me dijo que podía verlo de otra manera. En realidad, vivió diez años como ella decidió en su momento. Al menos intentó lo que quería. ¿Dónde podía decir yo que estaba el fracaso? Si no lo hubiera intentado no hubiera sabido qué habría pasado, ni habría disfrutado de ese tiempo.

Puede ser que sea así, porque ponerle la etiqueta única de fracaso a diez años de vida sí que parece que es un poco reduccionista. Lo mismo es hacerlo con proyectos que duran toda una vida. Es cierto que durante ese tiempo suceden muchas cosas, momentos agradables, momentos tristres, penas y alegrías.

Esto me recuerda ahora un poco a cuando en el colegio te decían que las acciones se valoraban por los resultados. Vaya con lo que nos enseñaban....