La Coctelera

Categoría: Idea irracional 10 Emociones

Relaciones individuales y familiares

Ultimamente me pica mucho la curiosidad por conocer las razones del comportamiento de las personas a través de sus orígenes familiares. Me parece muy interesante saber de qué manera la influencia de la familia puede afectar al entendimiento mutuo entre individuos.

En muchas ocasiones esperamos que la gente de alrededor, nuestras amistades especialmente, se comporten tal y como hemos visto en casa. Pero eso no siempre es así, porque en cada casa se dan unas formas de actuar distintas.

Por todo el mundo es sabido que dentro de cada familia rigen unos patrones y una dinámica de comportamiento. En algunas, sus miembros son más locuaces, en otras, más autoritarios, en otras se crean dependencias mutuas, etc.

Así, a veces buscamos un determinado gesto de complicidad o de aprobación en un colega. Este no nos lo da y nos sentimos mal. Sin embargo, lo que puede haber ocurrido es que en su familia su forma de ofrecer gestos de complicidad o aprobación no se haga del mismo modo que en la nuestra. A lo mejor esperabamos una palabra confortable pero tan sólo nos ofrece una mirada...

Después de darle vueltas y de buscar cosas, encontré el otro día un artículo sobre este tema. En él clasificaba a las familias en cuatro tipos en función de dos variables: control y afectos. Control se refiere a la necesidad de la existencia de normas que se considera que es necesario cumplir en el seno de la familia. Los afectos se refieren a la relación más o menos íntima entre sus miembros.

Así pues, los cuatro tipos de familias que podrían darse en función de estas dos variables serían los siguientes: familias autoritarias, asertivas, permisivas y negligentes.

Las familias autoritarias serían aquellas en las que prima el control y el cumplimiento de las normas antes que los afectos. Primero se ha de cumplir con el deber y si lo cumples, te ganas el cariño de la madre o del padre.

Las familias asertivas son las que manejan estas dos variables por igual y en la misma medida. Te quieren, pero también quieren que trabajes por tu futuro y seas una persona responsable.

Las familias permisivas dan más importancia a los afectos que a las normas, al control. Tratan de que te sientas bien y si un día no quieres estudiar, te lo perdonan.

Y, por último, las familias negligentes, no dan importancia a ninguna de las dos variables, ni control, ni afectos. Son familias que pasan de todo.

Siempre hay una razón

¿Te has preguntado alguna vez por qué muchas veces las cosas no salen como a tí te gustaría que salieran? ¿O por qué esa persona desagradable sigue molestando? A veces nos gustaría que las cosas fueran de la manera que a nosotros nos favorece, o que no tuvieramos que tratar con determinadas personas.

No obstante, hay cosas, como ya sabemos, que escapan a nuestro control y no podremos evitarlas. Conoceremos personas cuyo trato es difícil, personas que pueden tener envidia de otras, y personas que sólo buscan su propio bienestar, sin importar qué le pasa al mundo. Y no siempre podremos evitar que se nos escape el autobús, o que un plan de playa y sol nunca se estropee por mal tiempo.

Aun así, por mucho que lo sepamos, hay que reconocer que el que no salgan las cosas como nos gustaría es algo que resulta fastidioso. Sin embargo, está claro que la realidad es la realidad. Mejor que llorar porque las cosas son así, podemos esforzarnos por entender la razón de que ocurriera de esa manera, aunque no fuera conveniente a nuestros deseos.

Por ejemplo, habíamos quedamos con una persona y nos falla. No es una situación agradable, pero es algo que entra en el conjunto de sucesos posibles. O, en otro caso, se estropea la tele cuando estamos viendo el partido más emocionante de la temporada. Tampoco sirve de nada ponerse a llorar ya que siempre existe alguna probabilidad de que la tele se estropee. Y esa probabilidad es aun mayor si la televisión estaba ya vieja.

Del mismo modo, el hecho de que conozcamos a alguna persona que nos hace la vida imposible no es algo improbable en una sociedad de individuos y relaciones sociales. Vivimos relacionándonos porque la vida es más agradable con amig@s. Entra, pues, dentro de los sucesos posibles, el que conozcamos a gente maja o no tan maja.

Pero otras veces también somos nosotr@s quienes tentamos a la suerte... o quienes enseñamos (inconscientemente) a los demás determinados comportamientos. Uno típico es que no hace falta que nos apoyen cuando lo necesitamos... y luego nos quejamos de que no recibimos ayuda, pero claro, es que había una razón para ello!

Creo que siempre existe una razón objetiva para todo. Una razón que puede provenir de lejos, pero está ahí, en algún lugar, oculta en cualquier parte. No es fácil encontrarla y en absoluto es sencillo verla porque muchas veces implica ampliar nuestras miras: ver más allá de lo que vemos, buscar el porqué de las cosas o entender el comportamiento de las personas.

Influencias del pasado

Mucha gente cree que el pasado tiene una influencia determinante en su vida actual. Aunque esto en parte es cierto estas personas no están considerando algunas cosas:

- Todo el mundo ha sufrido alguna algo a lo que no supo responder como hubiera querido. Si una vez alguien discutió con sus amig@s y la discusión acabó como el rosario de la aurora, no significa que hoy, unos años más tarde, deba seguir discutiendo con las mismas premisas que antes. Es cierto que una vez aprendido un comportamiento no es muy común probar otras respuestas ante los mismos estímulos. De ahí que aparezca muchas veces lo que los psicólogos denominan indefensión aprendida.

Esas soluciones, que a lo mejor sirvieron una vez, no tienen porqué valer siempre. Sin embargo, es fácil recurrir a ellas porque, como suele decirse, así es “como soy”.

- Aunque sea inconscientemente, dejarse influir por el pasado puede servir para evitar hacer el esfuerzo de cambiar en el presente. Es muy típico el decir: siempre he sido así, luego es imposible cambiar.

Sin embargo, sí es posible plantear otros estilos de respuesta. Es cuestión de ver la situación en frío. Obviamente, no se trata de renunciar a todas las influencias pasadas, sino sólo desafiar aquellas más perjudiciales en la actualidad.