La Coctelera

Categoría: Idea irracional 08 Dependencia

Pensar en un@ mism@: ¿Cuestión de actitud vital o de un puñado de minutos diarios?

Últimamente veo que está generalizándose la expresión “pensar en un@ mism@”.

Se tiende a asociar esa expresión con el cuidado personal (tanto exterior como interior) de las personas. Quizás más de las mujeres pues, por desgracia, se está sobrevalorando demasiado que pierdan tiempo en arreglarse.

Así, es bastante común señalar la importancia de tener unos minutos al día en los que hacer algo que apetezca, como puede ser salir, leer, arreglarse, ir a la peluquería, ir de compras, etc. Se propone como una forma de desconectar cuando un@ se siente prisioner@ de los requerimientos y necesidades de los demás. Cuando un@ no acierta a decir “no” a lo que no le apetece.

Cuando esto ocurre, tener unos minutos para nosotr@s es casi la única salida. Sin embargo, digo yo, ¿no seríamos más felices simplemente sin sentir esa necesidad de tener que hacer lo que se espera de nosotr@s? ¿No sería más placentero no estar pendiente del mundo, olvidarnos de las cosas, no estar alerta, soltarse, desconectar, ser, no buscar justificaciones, estar donde apetece sin pensar, hacer cosas sin cuidado, no tener en cuenta a los demás, no saber que dirán los demás, no pensar siquiera en ell@s?

Prefiero pues que me den soluciones para conseguir esta actitud vital a que me vendan estrategias para conseguir cinco minutos de relax. Eso ya lo sé hacer yo.

El curioso y relativo uso del tiempo

Extraño efecto ese de tener conciencia del tiempo. Parece ser que sólo los humanos y algunos animales con contadísimas excepciones a nivel rudimentario, tenemos conciencia del tiempo, del antes, ahora y después. Pero el uso del tiempo es muy relativo y, aunque parezca lo contrario, no todo el mundo lo utiliza igual.

¿Por qué algunas personas parecen llegar a todo mientras a otras el día no les cunde en absoluto?¿Por qué algunas personas se aburren en su tiempo de ocio, matando el tiempo más que aprovechándolo, mientras que otras, disfrutan de cada minuto de su tiempo libre?

Según el carácter de cada cual podemos hablar de dos maneras de utilizar el tiempo: de una forma pasiva y de una forma activa.

Voy a intentar explicar qué quiero decir con forma pasiva y activa de usar el tiempo. Lo voy a hacer refiriéndome, especialmente, al tiempo de ocio que es cuando de verdad podemos disponer de nuestro tiempo. Algunas profesiones también tienen la suerte de no tener que vivir pendiente del reloj, aunque deban cumplir determinados objetivos…

El tiempo utilizado de forma pasiva significa de alguna manera estar presos de él, ser sus esclavos. La gente que aprovecha así el tiempo suele tener todo el día planeado. Si va a la playa, sabe cuando va, cuando comerá y cuando volverá. Si va a pasar la tarde a la biblioteca, planea de antemano el tiempo que estarán ahí y lo que harán después hasta la hora de cenar.

Usar el tiempo de forma activa es lo contrario. Implica hacer lo que apetece durante el tiempo necesario, independientemente de la hora que nos da realizando esa actividad. Así, se aceptan también cambios de planes, tiempos muertos... La diferencia a lo mejor es muy sutil. Esta gente si va a la playa, trata de disfrutar un rato ahí, no intenta simplemente "pasar el rato" hasta que da la hora de comer. Está en la playa mientras resulta divertido y ameno, cuando se cansa, se va a comer (o a hacer otra cosa).

La diferencia en la gestión del tiempo radica, en definitiva, en quien manda, si el tiempo o nosotros. Si somos nosotros los dueños del tiempo, lo importante son nuestros intereses, nuestra actividad, independientemente del tiempo que eso ocupe. Implica, claramente, un sentido mucho más desarrollado de la creatividad personal.

Un soplo de aire fresco

La confianza es saber mantenerse cada cual sobre sus dos pies y saber que un@ puede valerse de sus propios medios, conociendo racionalmente sus capacidades y limitaciones.

Por desgracia, la confianza no es algo que se tenga la suerte de aprender en esta sociedad. No se aprende a creer en un@ mism@, más bien se aprende a depender de los demás. Eso llevado al límite, significa acabar creyendo que lo que sale bien es pura casualidad, mientras que lo que sale mal es por los propios errores.

A medida que nos vamos abandonando, que vamos dejando atrás nuestros proyectos, se está traicionando esa fe, minando esa confianza en las propias posibilidades. Sin embargo, la confianza sólo surge de hacer algo, nunca de evitarlo. Evitar retos lleva a ser una persona temerosa, y ser una persona temerosa lleva a seguir evitando retos. Un circulo vicioso en toda regla. Para romperlo basta entender que la vida es movimiento, actividad y acción, nunca inacción. La inacción puede ser recomendable entre periodos de actividad, pero llega a ser fatal si ocupa la mayor parte de la vida.

Quien busca la seguridad y la tranquilidad como condiciones primarias de vida no tiene confianza en sus posibilidades. Tener confianza significa tener ilusiones pero también aceptar algunas desilusiones. Significa aprovechar los reveses de la vida en beneficio propio y no como un castigo considerado injusto e inmerecido. Para tener confianza es imprescindible creer en unos valores, saber que por difíciles que sean de alcanzar, nada es imposible y, en consecuencia, afanarse por apostarlo todo a ellos.

Posibilidades infinitas

¡Cuántas veces no hemos sabido cómo decir que no a algún colega que nos proponía algo que no nos apetecía nada! Al final hemos acabado yendo a regañadientes, pensando que todo sea por la amistad...

Tres cuartos de lo mismo pasa con otros asuntos más relevantes en la vida. Conozco gente que no intenta siquiera dedicarse a la profesión que le gusta porque se siente avergonzada de ella. También a gente que se casa en vez de unirse como pareja debido a la posible reprimenda familiar.

Sin embargo, teóricamente sabemos que las posibilidades que tenemos de hacer cosas son mucho más amplias: a esa amistad podíamos haberle respondido tanto sí como no, podemos dedicarnos a una profesión o a otra, somos libres de elegir nuestro propio estado civil. En estos casos, por el contrario, se limitaban a tomar la decisión que parecía satisfacer a los demás.

Es decir, tenemos casi infinitas posibilidades de elección. ¿Por qué elegimos un puñado? ¿Por qué, además, ese puñado de opciones elegidas son las que estarían satisfaciendo a otras personas?

Fromm escribió una vez que el ser humano en esta sociedad había alcanzado unas cotas muy altas de libertad. Tales cotas serían abrumadoras para él. Ante ello, limitaría y restringiría su libertad a un cómodo marco de referencia que controlaría, confortable y práctico.

En vez de ejercer la libertad plena, el individuo se permitiría restringir sus posibilidades de elección a las opciones, gustos y decisiones de los demás.

Hay que admitir que en realidad es un método cómodo, pues hacer lo que otras personas quieren, exculpa la responsabilidad individual. Es práctico, porque cada cual sabe a que atenerse, y es controlable, sólo hay que dejarse llevar, no pensar, dejar que otras personas piensen por un@ mism@.

El coste, sin embargo, es alto. Significa renunciar a muchas de las propias necesidades y preferencias.

Las relaciones humanas y los blogs

Las personas nos relacionamos constantemente. Nos damos apoyo, consuelo, nos entusiasmamos o nos enfadamos, nos divertimos o nos entretenemos juntas. La riqueza emocional que dan los amig@s es incomparable con cualquier otra.

Las relaciones personales pueden ser más bien libres o pueden estar más basadas en la dependencia. Para que una relación sea fructífera hay que tener en cuenta tanto lo que yo quiero como lo que quieren otras personas. Esas cosas a veces no son compatibles.

Igual que en el mundo real, lo mismo ocurre en los blogs. Está claro que un blog no va a gustar a todo el mundo, pretender eso sería puro perfeccionismo. Es innegable que sería muy agradable que le gustara a bastante gente. Y sobre todo que alguien comentase algo. Pero no podemos obligar a nadie a ello: el yo comento porque tú comentas y luego espero que vuelvas a comentar, asfixia. Eso puede durar una temporada pero tiene, desde ya, una fecha de caducidad. No vale la pena vendernos a los otros por eso, pues no hacemos más que esclavizarnos, en cierta manera.

Hay quien sólo escribe para ser leid@ por el mayor número de personas posible u obtener el mayor número de comentarios. Para ello, va haciendo comentarios a diestro y siniestro en otros blogs esperando obtener la misma respuesta en el suyo. Eso es genial si se consigue. Pero crea mucha ansiedad si alguna vez no supera el número deseado de lectores y lectoras. De hecho, el estrés es permanente ya que nunca va a saber si dejará de recibir comentarios alguna vez. Tampoco sabe que harán en el futuro el resto de bloguer@s, se pueden cansar y dejar su blog, irse de vacaciones, etc...

En cambio, escribir un blog por placer es distinto. La escritura entonces, por sí sola, produce unas sensaciones altamente satisfactorias: relaja, entretiene, sirve para desconectar, realiza, etc. Los comentarios que se hacen en otros blogs son sencillamente altruistas. Se escriben por gusto, porque el post es interesante y hay algo que decir, porque nos gusta hacerlos. En este caso, el objetivo de comentar en otro blog es el comentario en sí, y no el número de comentarios que calculamos recibir a cambio en el nuestro. Escribimos y nos escriben, pero no hay ataduras, no hay ninguna sensación de cumplir con otros compromisos. Nos vemos más libres, llevamos el ritmo que queremos. Es evidente que, en este caso, las relaciones humanas son mucho más sinceras y duraderas en el tiempo.