La Coctelera

Categoría: Idea irracional 06 Desconocido

Hoy me pongo transcendente... la incertidumbre

El libro que estoy leyendo actualmente, La vida eterna , de Fernando Savater, me esta sugiriendo cosas muy interesantes. Por cierto, os recomiendo este libro a cualquiera que os interese saber sobre la vida y la muerte o el origen y naturaleza de las religiones. Muy interesante y muy ameno.

El libro empieza así: la muerte es algo inevitable y en cierto modo, quizás por cultura, también misterioso. De ahí viene el más que temido miedo a la muerte.

Los humanos, sabiendose mortales, lo que desearían, muy en su fuero interno, y más bien inconscientemente, es controlar, en la medida de lo posible su destino, intentando, de algún modo, si fuera posible, esquivar ese fatal destino final.

Aun con todo, aunque cualquiera es consciente de que no se puede dar esquinazo a la muerte, los seres humanos tratan de controlar el transcurso de su vida.

A pesar de que vivimos en un mundo de probabilidades e incertidumbre, por ese miedo instintivo, un@ intenta dejar bien atados todos los cabos sueltos que supongan algún tipo de inseguridad.

Así, por poner ejemplos concretos, los seres humanos tratan cuanto pueden de buscar la seguridad, alimento, cobijo. En esta sociedad actual, se busca básicamente un trabajo seguro con el que poder conseguir un sitio donde vivir y comer.

Procuran a su vez que la gente a la que quieren también tenga esa garantizada esa seguridad. Se preocupan por el bienestar de quienes le rodean. Buscan, de vez en cuando, saber donde están, por si acaso.

Cuidan su salud, se hacen seguros médicos, de vida, contra accidentes, robos o incendios...

Ahora, con el gran invento del móvil, tienen a los suyos localizados siempre que quieren...

Sin embargo, no contentos con eso, porque la muerte siempre acecha, tratan de controlar otros aspectos de su vida diaria. No vaya a ser que en un inoportuno descuido, se despisten y se acabe todo. Esperan tener las cosas ordenadas, los asuntos en regla, el control del tiempo de ocio, todo a su debido momento y forma. Saber si hará sol o lloverá, saber que repercusión tendrá la dimisión del entrenador de su equipo, las palabras justas en las conversaciones con los demás... En definitiva, el control más absoluto posible. Acaban por controlar cualquier aspecto que afecte a sus circunstancias vitales.

A esta necesidad de controlar cada paso que un@ da por la vida pocos dudarían en llamarla obsesión, de no ser porque todo el mundo hace las mismas cosas.

La razón última de esa intento de tenerlo todo bajo control, en ultimísima instancia, es siempre la misma, sin duda, intentar huir de la dichosa muerte. ¿O conoces a algun animal que ordene sus calcetines?

La vida es un directo

El otro día estaba comiendo tranquilamente con mi prima en su casa. Ella mostraba interés por mejorar un poco su inglés. Así que, a lo tonto, mientras comíamos, nos pusimos a jugar a que hablábamos en ese idioma. Luego seguimos intententando descifrar el significado de algunas letras de canciones en inglés. Llegamos a la canción Life is live, con sus palabras homófonas, pero de tan distinta semántica.

Me preguntó que entendía yo por tal expresión y le contesté que yo entendía que la letra venía a decir que la vida es como un directo. Es decir, que la vida es como una actuación de un concierto en directo, en la cual es inevitable que todo el mundo cometa errores y fallos. Y que esto es así precisamente porque no hay ensayos previos. Asi que el mensaje de la canción sería que no hay una razón para preocuparse ni buscar el perfeccionismo en cada cosa que llevemos a cabo. No tiene mayor importancia, en la esencia misma de la vida está el cometer errores.

Mi prima salió satisfecha con la explicación y aún le apeteció considerar y escuchar otra vez con más atención esta canción. La verdad es que no sé si la canción profundiza en estas cuestiones filosóficas, pero a mi me gusta pensar así.

Con esta anécdota quería explicar, ya estaba tardando, el lema que rige mi blog, para que entendais por qué me gusta.

Siempre hay una razón

¿Te has preguntado alguna vez por qué muchas veces las cosas no salen como a tí te gustaría que salieran? ¿O por qué esa persona desagradable sigue molestando? A veces nos gustaría que las cosas fueran de la manera que a nosotros nos favorece, o que no tuvieramos que tratar con determinadas personas.

No obstante, hay cosas, como ya sabemos, que escapan a nuestro control y no podremos evitarlas. Conoceremos personas cuyo trato es difícil, personas que pueden tener envidia de otras, y personas que sólo buscan su propio bienestar, sin importar qué le pasa al mundo. Y no siempre podremos evitar que se nos escape el autobús, o que un plan de playa y sol nunca se estropee por mal tiempo.

Aun así, por mucho que lo sepamos, hay que reconocer que el que no salgan las cosas como nos gustaría es algo que resulta fastidioso. Sin embargo, está claro que la realidad es la realidad. Mejor que llorar porque las cosas son así, podemos esforzarnos por entender la razón de que ocurriera de esa manera, aunque no fuera conveniente a nuestros deseos.

Por ejemplo, habíamos quedamos con una persona y nos falla. No es una situación agradable, pero es algo que entra en el conjunto de sucesos posibles. O, en otro caso, se estropea la tele cuando estamos viendo el partido más emocionante de la temporada. Tampoco sirve de nada ponerse a llorar ya que siempre existe alguna probabilidad de que la tele se estropee. Y esa probabilidad es aun mayor si la televisión estaba ya vieja.

Del mismo modo, el hecho de que conozcamos a alguna persona que nos hace la vida imposible no es algo improbable en una sociedad de individuos y relaciones sociales. Vivimos relacionándonos porque la vida es más agradable con amig@s. Entra, pues, dentro de los sucesos posibles, el que conozcamos a gente maja o no tan maja.

Pero otras veces también somos nosotr@s quienes tentamos a la suerte... o quienes enseñamos (inconscientemente) a los demás determinados comportamientos. Uno típico es que no hace falta que nos apoyen cuando lo necesitamos... y luego nos quejamos de que no recibimos ayuda, pero claro, es que había una razón para ello!

Creo que siempre existe una razón objetiva para todo. Una razón que puede provenir de lejos, pero está ahí, en algún lugar, oculta en cualquier parte. No es fácil encontrarla y en absoluto es sencillo verla porque muchas veces implica ampliar nuestras miras: ver más allá de lo que vemos, buscar el porqué de las cosas o entender el comportamiento de las personas.

Controlamos tan poco en la vida....

Aunque queramos, lo cierto es que los seres humanos controlamos muy pocas cosas en la vida. Nos gustaría tener control sobre las cosas que están a nuestro alrededor, las que nos afectan, sobre la gente que está con nosotros. Pero parece que no es así.

Y el ser humano tiene, por naturaleza, miedo a lo que no controla. Empezando, cómo no, por el miedo a la muerte. Igualmente tampoco se pueden controlar las consecuencias de muchos fenómenos meteorológicos que se temen.

El ser humano desde siempre, ha inventado ciertos ritos a propósito del sentimiento de descontrol que siente. Siempre lo ha hecho con la intención de sentirse seguro. Con ellos no controlaba lo incontrolable, pero conseguía un alivio para su mente. Así, por ejemplo, en las tribus antiguas se bailaban danzas para satisfacer a la diosa de la lluvia. ¿Llovía por hacer esto? No. Pero los miembros de esa tribu se sentían bien y tranquilos. Ya habían hecho todo lo que creían que estaba en sus manos hacer para favorecer una lluvia beneficiosa para sus campos.

Hoy en día, a medida que la ciencia va realizando avances más importantes y vamos ganando en conocimiento, somos menos tolerantes con lo que no controlamos. Lo cierto es que hoy en día tenemos información de casi de todo. Si salimos en coche, del tráfico y del tiempo; si nos duele algo, podemos ir a consulta médica; si queremos saber cómo está una amiga que vive lejos, pues la llamamos por teléfono.

Por eso ya no podemos vivir sin saber. Necesitamos información para casi todo lo que hacemos. Y como a pesar de ello aun siguen habiendo extremos incontrolados tenemos la necesidad de seguir determinados ritos para sentirnos segur@s, buscando alivio para nuestra mente, al igual que hacían esas tribus antiguas. Y lo hacemos de muy diversas formas. Por ejemplo, ¿tenemos la seguridad de que no nos robaran el coche? No, ¿pero que se nos ocurre hacer para estar tranquil@s? Pues comprobar un par de veces que el coche está cerrado. Lo mismo pasa cuando vamos a un examen: hay a quien le da por ir con la camiseta "de la suerte" o con cualquier otra prenda o complemento "de la suerte". ¿Va a tener esa persona la certeza de aprobar? Claramente no, pero no se puede negar que supone un gran alivio. Lo mismo es llevar unos calcetines desparejados, llevar un amuleto o ponerle velas al santo de devoción.

El mismo origen tienen las supersticiones y la religión. Tratan de aliviar la mente ante la incertidumbre que nos mantiene siempre en ascuas. Y asi, en definitiva, creemos que controlamos. No podemos soportar la incertidumbre y cada vez la soportamos peor. Queremos que todo lo que hagamos salga perfecto, queremos tener controlado hasta el último detalle, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, queremos una boda perfecta, queremos una vida perfecta ... sin querer entender que hay cosas que escapan a nuestro control. Lo mejor: aceptar que vivimos en un mundo lleno de incertidumbre y probabilidades y que es más sano no sufrir por lo desconocido e incontrolado.

Caminante no hay camino, se hace camino al andar

Me encanta viajar. He llegado a esta conclusión después de un tiempo de adaptación a una situación nueva para mí.

No me refiero a esos viajes que se hacen con l@s amig@s en vacaciones. Aquellos en los que ya sabes de antemano cuando van a empezar, cuando van a acabar que sitios verás y donde vas a estar en cada momento.

Me refiero a tener que mudarse a otros lugares, a tener que vivir una teporada aquí y otra allá. Así es mi vida ahora. Vosotr@s, amig@s lectores y lectoras, no lo notais; eso es lo bueno de internet, que es omnipresente y siempre podemos estar en contacto independientemente de nuestra localización fisica.

Pero me toca por razones de curro. Y a lo mejor no dejo de hacerlo. No pienso que mi vida empezará cuando deje de hacer mudanzas y me asiente en un sitio; al contrario, ha empezado ya, sigue corriendo. En realidad siempre estoy aquí. Eso sí, ando mucho más despistada, más desubicada. No me sitúo, me cuesta más concentrarme, pierdo el ritmo.

Sin embargo así parece que es la vida, igual que un viaje. Un viaje donde no hay nada permanente, no hay nada invariable, no hay nada en el mismo lugar, ni nada en el mismo instante. Como mucho sólo queda el recuerdo. A veces nos gustaría que las cosas fuesen distintas de como son. Pero es cierto que nada nos pertenece. Sólo podemos decir: "estamos", mientras el mundo gira, cambiante. Sólo podemos decir: "somos", mientras contemplamos el paisaje. Simplemente nos adaptamos a las circunstancias, abriendonos camino en el inseguro mundo en que vivimos. También, y al mismo tiempo, hacemos cosas y participamos de la vida.

Por eso, porque no hay nada seguro, no tengo miedo a andar de un sitio para otro. Si todo estuviera escrito, no me movería de casa.

Ah, tengo la suerte de ver un bonito paisaje por el camino. Esta es una de las vistas con las que disfruto. No puedo quejarme.

El curioso y relativo uso del tiempo

Extraño efecto ese de tener conciencia del tiempo. Parece ser que sólo los humanos y algunos animales con contadísimas excepciones a nivel rudimentario, tenemos conciencia del tiempo, del antes, ahora y después. Pero el uso del tiempo es muy relativo y, aunque parezca lo contrario, no todo el mundo lo utiliza igual.

¿Por qué algunas personas parecen llegar a todo mientras a otras el día no les cunde en absoluto?¿Por qué algunas personas se aburren en su tiempo de ocio, matando el tiempo más que aprovechándolo, mientras que otras, disfrutan de cada minuto de su tiempo libre?

Según el carácter de cada cual podemos hablar de dos maneras de utilizar el tiempo: de una forma pasiva y de una forma activa.

Voy a intentar explicar qué quiero decir con forma pasiva y activa de usar el tiempo. Lo voy a hacer refiriéndome, especialmente, al tiempo de ocio que es cuando de verdad podemos disponer de nuestro tiempo. Algunas profesiones también tienen la suerte de no tener que vivir pendiente del reloj, aunque deban cumplir determinados objetivos…

El tiempo utilizado de forma pasiva significa de alguna manera estar presos de él, ser sus esclavos. La gente que aprovecha así el tiempo suele tener todo el día planeado. Si va a la playa, sabe cuando va, cuando comerá y cuando volverá. Si va a pasar la tarde a la biblioteca, planea de antemano el tiempo que estarán ahí y lo que harán después hasta la hora de cenar.

Usar el tiempo de forma activa es lo contrario. Implica hacer lo que apetece durante el tiempo necesario, independientemente de la hora que nos da realizando esa actividad. Así, se aceptan también cambios de planes, tiempos muertos... La diferencia a lo mejor es muy sutil. Esta gente si va a la playa, trata de disfrutar un rato ahí, no intenta simplemente "pasar el rato" hasta que da la hora de comer. Está en la playa mientras resulta divertido y ameno, cuando se cansa, se va a comer (o a hacer otra cosa).

La diferencia en la gestión del tiempo radica, en definitiva, en quien manda, si el tiempo o nosotros. Si somos nosotros los dueños del tiempo, lo importante son nuestros intereses, nuestra actividad, independientemente del tiempo que eso ocupe. Implica, claramente, un sentido mucho más desarrollado de la creatividad personal.

Los partidos de la vida

Se dice que el fútbol es un reflejo, a escala, de muchos de los aspectos básicos de la vida, emoción, penas, alegrías, sufrimiento, etc. En estos días, inmersos en pleno mundial, se observa mejor que nunca.

Miles de aficionados y aficionadas se hunden cuando las cosas no salen como cada uno/a quiere, encajar un gol... y se acabó todo... Igual que en el día a día, un contratiempo, algo inesperado genera inevitablemente una frustración.

Sin embargo, la buena noticia es que parece ser que esa frustración podría ser evitada en cierto grado. Pongamos el caso en el que se culpa al arbitraje de la derrota del equipo por el que apuesta cada cual. ¿Tendríamos la misma reacción si...?

a) Se comete una falta clara y el árbitro, sin razón aparente, no la pita.

b) Se comete una falta y el árbitro justo en ese momento se desmaya por el calor y no la pita.

El resultado en los dos casos es el mismo. Se comete una falta y no se pita. Sin embargo, ¿por qué en el segundo caso el enfado no es igual que en el primero? Esto ocurre porque en el primer caso, a diferencia del segundo, se mantiene, seguramente de forma inconsciente, una actitud subjetiva y moralista por la que se exige al árbitro que no cometa ni un sólo error.

Entonces, ¿cabrearse con el arbitraje es, en general, una actitud razonable? En un primer momento parece inevitable, pero ¿tiene sentido seguir enfadándose durante más tiempo? Pues es obvio que el árbitro es humano y es también sabido que los seres humanos, por su naturaleza biosocial, son falibles.

Así que de ellos, en un momento u otro, no se pueden esperar más que errores. No es ley de Murphy, es la simple realidad. Por lo tanto, no parece que mantener el enfado sea realmente una actitud muy razonable, a menos, claro, que alguien quiera acabar con su hígado.

Y si eso vale para el fútbol, también debería valer para la vida.