La Coctelera

Categoría: Idea irracional 05 Causa externa

El aprendizaje como viaje iniciático

Es un hecho que los seres humanos aprendemos cosas desde el primer hasta el último día de nuestra vida. Estamos continuamente aprendiendo. Los primeros años aprendemos las cosas más básicas, a andar, a hablar. A medida que nos hacemos adultos aprendemos otras habilidades cada vez más complejas: a hablar en público, a negociar con otros, a preocuparnos menos, a tolerar más o menos cosas... a lograr un crecimiento personal cada vez mayor, en definitiva.

Igualmente que a nadar se aprende nadando, a ser se aprende siendo.

Es en la infancia donde las cosas que aprendemos más nos marcan para el futuro, pues no llevábamos ningún bagaje previo. Este aprendizaje lo realizamos copiando lo que vemos a las personas de nuestro alrededor. Pero no copiamos sólo las conductas, sino también sus actitudes ante la vida, sus costumbres, sus hábitos. Y con esto echamos a andar en la vida. Este pan que llevamos bajo el brazo va modelándose en función de las experiencias vividas y de las amistades que hacemos.

Hay gente asombrosamente abierta a aprender de otras, a estudiar las actitudes y comportamientos de los demás. Con eso esa persona se enriquece. La clave para abrirse a nuevas experiencias está en no pensar que nuestro pan es el único válido, sólo por la única (y estúpida) razón de que fue el primero que adquirimos.

Negar que una persona puede cambiar en cualquier etapa de su vida es negar esa capacidad innata que todos tenemos que se llama aprendizaje.

Un soplo de aire fresco

La confianza es saber mantenerse cada cual sobre sus dos pies y saber que un@ puede valerse de sus propios medios, conociendo racionalmente sus capacidades y limitaciones.

Por desgracia, la confianza no es algo que se tenga la suerte de aprender en esta sociedad. No se aprende a creer en un@ mism@, más bien se aprende a depender de los demás. Eso llevado al límite, significa acabar creyendo que lo que sale bien es pura casualidad, mientras que lo que sale mal es por los propios errores.

A medida que nos vamos abandonando, que vamos dejando atrás nuestros proyectos, se está traicionando esa fe, minando esa confianza en las propias posibilidades. Sin embargo, la confianza sólo surge de hacer algo, nunca de evitarlo. Evitar retos lleva a ser una persona temerosa, y ser una persona temerosa lleva a seguir evitando retos. Un circulo vicioso en toda regla. Para romperlo basta entender que la vida es movimiento, actividad y acción, nunca inacción. La inacción puede ser recomendable entre periodos de actividad, pero llega a ser fatal si ocupa la mayor parte de la vida.

Quien busca la seguridad y la tranquilidad como condiciones primarias de vida no tiene confianza en sus posibilidades. Tener confianza significa tener ilusiones pero también aceptar algunas desilusiones. Significa aprovechar los reveses de la vida en beneficio propio y no como un castigo considerado injusto e inmerecido. Para tener confianza es imprescindible creer en unos valores, saber que por difíciles que sean de alcanzar, nada es imposible y, en consecuencia, afanarse por apostarlo todo a ellos.

La conquista de la felicidad

Este es el titulo del maravilloso libro con el que el filósofo y premio Nobel, Bertrand Russell (1872- 1970) debate acerca de las causas de la felicidad y la infelicidad. Con este resumen me hago eco del mismo y sirve, además, de pequeño homenaje.

Russell afirma que independientemente de las circunstancias externas, que apenas podemos controlar, los seres humanos pueden hacer mucho en la lucha por su propia felicidad. Así, capítulo a capítulo desgrana las razones que impiden a las personas ser felices.

Entre las causas de la infelicidad, está el excesivo miedo al fracaso. En esta sociedad más que en ninguna otra, lograr el éxito a través de la realización de cualquier actividad tiene grandes ventajas, sin embargo realizar esa actividad, no por puro placer, sino únicamente para que dé los frutos esperados, significa sucumbir a una meta vacía.

Esa meta es en realidad vacía porque el placer logrado no es interno sino que proviene del aplauso que a través del éxito ofrecen las demás personas. De ahí surgen, por tanto, otras causas de la infelicidad como la envidia. El éxito de los demás niega el propio éxito, por lo que no ofrece nada después de los esfuerzos (muy interesados) que se han realizado y que no serán compensados.

El aburrimiento es otra fuente de infelicidad y quien no sabe cultivar algunos intereses en su tiempo de ocio, puede alcanzar un nivel de hastío tal que, en casos extremos puede llevar al suicidio, mas figurado que literal, o, de manera más común, a la generaración de adicciones, como la adicción al trabajo, ya que en estos casos no se ha aprendido a hacer otra cosa en la vida.

El hecho de mantener una tendencia hacia un tipo de pensamiento victimista, es igualmente otra causa de infelicidad. En este caso se considera, a través de un falso filtro mental, que uno/a es desgraciado/a debido a las circunstancias que le ha tocado vivir. O también debido a la gente con la que ha tenido la "mala suerte" de coincidir en la vida, ya que parece que únicamente quieren hacerle daño o fastidiarle en mayor o menor grado.

Ante esto Russell afirma que lo mejor que se puede hacer es desmontar lógicamente los argumentos que llevan a pensar así. El esta convencido de que aunque sólo sea por la simple ley de la probabilidad, a todos los individuos de una misma cultura y época, les tocará vivir experiencias parecidas tanto en lo bueno y en lo malo. Igualmente se toparán con gente de semejantes características. Por el contrario, sería muy poco probable que a alguien le sucedieran casi siempre cosas horribles o que, casualmente, la mayoría de la gente con la que se encontrara actuara con malicia.

Russell conviene en que serán felices aquellos individuos que consigan entusiasmarse con las cosas que ofrece la vida y disfrutar, no de manera egoísta, sino con verdadero interés, de la compañía de las personas que se les cruzan en el camino. Para poder considerar a las personas con verdadero afecto y cariño, es imprescindible eliminar antes la envidia y el victimismo; para deleitarse con las cosas de la vida, es necesario no esperar que las distracciones contra el aburrimiento vengan hechas, sino que opina que a través de la experimentación se deben descubrir en la vida los intereses y aficiones que mayor satisfacción puedan proporcionar a cada cual.