La Coctelera

Categoría: Idea irracional 04 Control

Hoy me pongo transcendente... la incertidumbre

El libro que estoy leyendo actualmente, La vida eterna , de Fernando Savater, me esta sugiriendo cosas muy interesantes. Por cierto, os recomiendo este libro a cualquiera que os interese saber sobre la vida y la muerte o el origen y naturaleza de las religiones. Muy interesante y muy ameno.

El libro empieza así: la muerte es algo inevitable y en cierto modo, quizás por cultura, también misterioso. De ahí viene el más que temido miedo a la muerte.

Los humanos, sabiendose mortales, lo que desearían, muy en su fuero interno, y más bien inconscientemente, es controlar, en la medida de lo posible su destino, intentando, de algún modo, si fuera posible, esquivar ese fatal destino final.

Aun con todo, aunque cualquiera es consciente de que no se puede dar esquinazo a la muerte, los seres humanos tratan de controlar el transcurso de su vida.

A pesar de que vivimos en un mundo de probabilidades e incertidumbre, por ese miedo instintivo, un@ intenta dejar bien atados todos los cabos sueltos que supongan algún tipo de inseguridad.

Así, por poner ejemplos concretos, los seres humanos tratan cuanto pueden de buscar la seguridad, alimento, cobijo. En esta sociedad actual, se busca básicamente un trabajo seguro con el que poder conseguir un sitio donde vivir y comer.

Procuran a su vez que la gente a la que quieren también tenga esa garantizada esa seguridad. Se preocupan por el bienestar de quienes le rodean. Buscan, de vez en cuando, saber donde están, por si acaso.

Cuidan su salud, se hacen seguros médicos, de vida, contra accidentes, robos o incendios...

Ahora, con el gran invento del móvil, tienen a los suyos localizados siempre que quieren...

Sin embargo, no contentos con eso, porque la muerte siempre acecha, tratan de controlar otros aspectos de su vida diaria. No vaya a ser que en un inoportuno descuido, se despisten y se acabe todo. Esperan tener las cosas ordenadas, los asuntos en regla, el control del tiempo de ocio, todo a su debido momento y forma. Saber si hará sol o lloverá, saber que repercusión tendrá la dimisión del entrenador de su equipo, las palabras justas en las conversaciones con los demás... En definitiva, el control más absoluto posible. Acaban por controlar cualquier aspecto que afecte a sus circunstancias vitales.

A esta necesidad de controlar cada paso que un@ da por la vida pocos dudarían en llamarla obsesión, de no ser porque todo el mundo hace las mismas cosas.

La razón última de esa intento de tenerlo todo bajo control, en ultimísima instancia, es siempre la misma, sin duda, intentar huir de la dichosa muerte. ¿O conoces a algun animal que ordene sus calcetines?

Mas flexibles, menos dogmáticos

El otro día leí una de esas tantas encuestas que se hacen a propósito de la felicidad de los individuos. Ésta, a diferencia de otras, me llamó la atención por las conclusiones que extraía.

Empezaba, como todas, planteando que es necesario un cierto nivel de bienestar material para tener un mínimo de felicidad. Pero a partir de ahí, dado ese nivel material mínimo, proseguía con que en muchos casos, la felicidad va por otros caminos, caminos interiores. En concreto, cómo las personas se toman las cosas.

Mucha gente vive su vida diciéndose "tengo que llegar a ser tal o cual", "fulanita o menganito deberían hacerme más caso", "tengo derecho a que la gente sea más considerada conmigo siempre", etc.

Bueno, pues esos ejemplos mostrarían una manera de ser que no estaría ayudando mucho a conseguir la felicidad, pues subordina lo que los individuos pueden conseguir a cosas que no pueden controlar.

Puede que un@ no llegue a conseguir o ser lo que había pensado en un primer momento. Puede que la gente no sea considerada con un@ porquele resulta indiferente.

En cambio, quien se toma las cosas de una forma más flexible, quien dice "bueno, me gustaría que tal cosa fuera de una determinada manera, pero sé que hay cosas que salen de mi control", o quien dice: "siempre he esperado lealtad en mis amistades, pero entiendo que alguna vez alguien pase por problemas y me haya ofendido sin querer", etc... esas personas sonquienes, según esta encuesta, tendrían más posiblidades de llevar una vida más tranquila y feliz.

Hoy en día no está demasiado bien visto eso de ser cambiante de ideas, de flexibilizar los valores según las circunstancias...se ha premiado siempre la coherencia, los valores eternos, decir "yo siempre he sido así", "yo nunca antepongo mis intereses a los demás", "mis principios son inamovibles", etc

La encuesta concluía, por tanto, con la idea de que lo único que hay que hacer para allanar el camino a la felicidad es eliminar algunas de esas normas rígidas que agotan cuerpo y mente y que a la larga desesperan, porque sonimposibles de realizar en todas y cada una de las circunstancias con que nos encontramos en la vida.

Caminante no hay camino, se hace camino al andar

Me encanta viajar. He llegado a esta conclusión después de un tiempo de adaptación a una situación nueva para mí.

No me refiero a esos viajes que se hacen con l@s amig@s en vacaciones. Aquellos en los que ya sabes de antemano cuando van a empezar, cuando van a acabar que sitios verás y donde vas a estar en cada momento.

Me refiero a tener que mudarse a otros lugares, a tener que vivir una teporada aquí y otra allá. Así es mi vida ahora. Vosotr@s, amig@s lectores y lectoras, no lo notais; eso es lo bueno de internet, que es omnipresente y siempre podemos estar en contacto independientemente de nuestra localización fisica.

Pero me toca por razones de curro. Y a lo mejor no dejo de hacerlo. No pienso que mi vida empezará cuando deje de hacer mudanzas y me asiente en un sitio; al contrario, ha empezado ya, sigue corriendo. En realidad siempre estoy aquí. Eso sí, ando mucho más despistada, más desubicada. No me sitúo, me cuesta más concentrarme, pierdo el ritmo.

Sin embargo así parece que es la vida, igual que un viaje. Un viaje donde no hay nada permanente, no hay nada invariable, no hay nada en el mismo lugar, ni nada en el mismo instante. Como mucho sólo queda el recuerdo. A veces nos gustaría que las cosas fuesen distintas de como son. Pero es cierto que nada nos pertenece. Sólo podemos decir: "estamos", mientras el mundo gira, cambiante. Sólo podemos decir: "somos", mientras contemplamos el paisaje. Simplemente nos adaptamos a las circunstancias, abriendonos camino en el inseguro mundo en que vivimos. También, y al mismo tiempo, hacemos cosas y participamos de la vida.

Por eso, porque no hay nada seguro, no tengo miedo a andar de un sitio para otro. Si todo estuviera escrito, no me movería de casa.

Ah, tengo la suerte de ver un bonito paisaje por el camino. Esta es una de las vistas con las que disfruto. No puedo quejarme.

Opciones vitales

Últimamente veo con preocupación, entre algunas de mis amigas y amigos, el giro que están tomando sus vidas profesionales. Estas personas, todas ellas en los veintimuchos, están realizando una especie de “involución profesional”, a mi modo de ver, que me asusta. Personas con carreras universitarias, que progresaban en su carrera profesional trabajando y viviendo independientemente, de repente parecen volver al redil para cumplir, como digo yo, con las “etapas tradicionales de la vida”; otra vez a su ciudad de siempre, se casan, buscan un trabajo cualquiera y esperan sus primeras criaturillas.

Para algunas de esas personas fueron realmente días de altos vuelos, parecía que se comían el mundo o estaban a punto de comérselo. Para otras, el vuelo no duró tanto ni fue tan elevado. Pero al final del todo ¿para qué? ¿Para acabar haciendo un trabajo rutinario y monótono en una oficina cualquiera? Yo de momento estoy de vuelo...

Es cierto que el mercado de trabajo en España hoy en día está muy complicado y la gente prefiere aferrarse a lo que salga que intentar algo que puede ser potencialmente mejor, pero a la vez más arriesgado, con menores posibilidades. Pero aunque haya pocas posibilidades de conseguir algo mejor ¿por qué abandonar tan pronto esa búsqueda? Si los veintitantos marcan el principio de la vida profesional de una persona, ¿por qué optar tan pronto por la seguridad que ofrece un trabajo relativamente fácil de conseguir?

En un principio, esa seguridad parece cómoda y agradable, sin embargo, es en realidad una trampa del pensamiento. Cuantas veces se oye eso de “ojalá fuera funcionari@”. Y así tener una seguridad monetaria y ocuparse de otros asuntos. Es verdad que cuando consigues un trabajo fijo o indefinido respiras más tranquil@, pero con el paso de los años, ¿cuánto tarda esa tranquilidad en tornarse aburrimiento vital?

A lo mejor es que en vez de pensar en todas las opciones posibles, se tomó la solución límite: el dinero seguro e inmediato. Había otras intermedias, factibles, también, quizás más satisfactorias a largo plazo, pero para las que no había la seguridad absoluta de alcanzarlas. Quizás era más fácil coger un trabajo normalito pero seguro, que esperar la “catástrofe” que se produciría si no se consigue algo inmediatamente. Pero yo misma siento un poco esa incertidumbre, también….

La pregunta que me hago es: ¿Cómo es de horrible esa catástrofe que imagino? Que pasará realmente si busco aspirar a algo que me llene y no a vivir el resto de mi vida rodeada de montones de papelotes a ordenar y clasificar? Y entonces pienso, que mientras intento lograr algo mejor, puede ocurrir que haya periodos inestables económicamente, tales como estar en el paro una temporada, o tener que coger cualquier cosa para subsistir mientras sigo persiguiendo lo que quiero. ¿Conseguiré vivir dentro de unos límites razonables económicamente mientras aspiro a algo mejor? El tiempo dirá.

Instantes

Instantes... Es cierto que me he inspirado en el texto que abajo menciono, pero todo lo que me ha sugerido ha sido gracias a su título. Voy empezar este blog con una reflexión sobre la vida. Una simple reflexión a la que espero que se unan otras en adelante. De un tiempo a esta parte me he fijado y me he preguntado por qué la gente vive obsesionada por ciertos momentos considerados importantes, y ¿por qué sólo por ellos? ¿Por qué solemos esperar con verdadera expectación la llegada de un día especial? O al contrario, ¿por qué deseamos que nunca llegue algo que no nos gustaría, o que pasen rápido esos malos momentos?

Mientras tanto, y sin darnos cuenta, se nos pasan otros momentos en los que no habíamos reparado. Se nos pasan momentos en los que estábamos bien, pero vaya, decidimos malgastarlos sufriendo por algo que no pasó o deseando algo que a lo mejor nunca llegó, y así se nos fueron los minutos, desperdiciados, de esa vida retransmitida en directo y perdimos momentos valiosos que no volveremos a recuperar. Ya no podremos recrear de nuevo aquel anochecer que contemplamos en la playa, sentados a solas en el muro del paseo marítimo, acariciados por la brisa templada de una noche de verano.

A veces cierta gente, ilusa ella, piensa que sí, que esas “minucias” se pueden repetir. Que sólo tienen que coger las maletas, programarse otra semana en la playa y esperar que pase lo mismo… Pero no pasa porque las condiciones no son las mismas. Y entonces es cuando quieren y necesitan tener el control de todas las cosas, cuando quieren que haga sol, que no haga frío, que no nos molesten los demás, que estemos tan relajados como aquella otra vez… pienso que cuando queremos tomar el control de las cosas que no podemos controlar es que deberíamos estar alerta, porque algo podría empezar a ir mal. Cuando queremos controlar las situaciones para que se adapten ellas a nosotros y no al revés, es simplemente no estar entendiendo la vida, no entender que el mundo gira aunque no estemos presentes.

Para que no se nos escape la vida “mientras nos dedicamos a otra cosa”, como dijo alguien, quizás debiéramos involucrarnos más en cada uno de los instantes que vivimos, valorando lo que hacemos, “pensando en cada nota que tocas” como me dice, seria, mi profesora de piano, y sin pensar en “acabar la partitura”, que al final acabas y sientes que no has disfrutado la pieza, porque “la tocaste tan superficialmente que no pudiste saborear ni cada una de sus cadencias, ni sus cambios de tonalidad”. A lo mejor es sólo eso.

Instantes - Borges? Neruda?

Si pudiera vivir nuevamente mi vida en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto...me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido; De hecho tomaría muy pocas cosas con
seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría mas montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares adonde nunca he ido; comería más helados y menos habas; tendría más problemas reales y menos imaginarios. Yo fui de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada momento de su vida; claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos.

Por si no saben, de eso esta hecha vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora. Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas. Si pudiera volver a vivir, comenzaría a andar descalzo a principios de primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.Daría más vueltas en calesita,contemplaría más amaneceres y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante. Pero ya ven, tengo 85 años y se que me estoy muriendo...